Trono del Santísimo Cristo de la Redención

IMG 3613 resize resize

El trono es de planta rectangular —basilical—, con ingletes. De estilo sobrio, inspirado en el Renacimiento, sin intentar incluir ningún elemento extraño a dicho estilo. Los grutescos de las tallas decorativas de los paños laterales son de estilo Plateresco español.

Los materiales usados son la madera noble, cedro y caoba, teñida en oscuro y barnizada a muñequilla, y bronce.

El trono se compone de tres cuerpos bien definidos: plinto, cajillo y sobrepeana, con distribución de imaginería alegórica, iluminado por cuatro hachones y diez faroles.

De líneas rectas, el frontal se compone de dos paños delimitados por varios juegos de ingletes en los que se insertan las pilastras conformadas por los atlantes de bronce y decoración vegetal de laureles. Cada paño está decorado con figuras alegóricas, antropomórficas y zoomórficas, y están centralizados por un tondo del que parte un farol de sección cilíndrica que, sustentado por un brazo curvo, ilumina las paredes del cajillo. En el eje central del frontal se sitúa un tabernáculo de planta circular, soportado por cuatro columnas en el que se inserta una alegoría sacramental —el Cordero Pascual—, realizada en bronce. Como remate del tabernáculo, aparece una perinola en bronce con decoración arquitectónica. El plinto, en su eje central, tiene a su vez un saliente redondeado, para recoger la base del tabernáculo.

El lateral sigue las mismas líneas estéticas del frontal, pero con distintos elementos. Así, dos paños, esta vez de mayor longitud, separados por ingletes, acogen de nuevo figuras alegóricas, que son distintas en cada paño, pero esta vez rodean a dos tondos con escenas, realizados en bronce, y de nuevo dos faroles, uno en cada paño. En el centro del lateral, una gran cartela rectangular contiene una escena en bronce realizada en altorrelieve, rematada por una pareja de figuras alegóricas recostadas sobre la base superior del cajillo y un tercer farol de similares características.

La trasera es similar al frontal, pero sustituyendo el tabernáculo por una cartela cuadrada con un altorrelieve en bronce. De esta forma, frontal y trasera están conformadas por elementos asimétricos.

El cajillo lleva, asimismo, en todo su perímetro unos juegos de molduras con decoración de gallones, ovas y filacterias con la leyenda escrita en latín, intercalándose la decoración hecha de bronce y de madera.

El plinto, de forma rectangular, está decorado con un molduraje de laureles tallado en madera con anillos de bronce.

La sobrepeana, a su vez, es de sección cóncava, con las esquinas ochavadas para dar cabida a las figuras de la esquinas. Se compone de varias molduras de decoración geométrica y de laureles, con anillos de bronce.

Los cuatro hachones siguen la misma línea compositiva del resto del trono: decoración de gallones, arquitectónica, geométrica y vegetal, intercalándose los elementos en madera y bronce.

En las cuatro esquinas del trono, en la base superior del cajillo, se insertan las figuras de los cuatro jinetes del Apocalipsis.

La altura media del trono es de 85 cm., incluyendo plinto, cajillo y sobrepeana, y la altura de los hachones, sin la cera, de 75 cm. El plinto mide 375 x 260 cm.

Representaciones iconográficas

Cajillo del trono:

Madera muy oscura con decoración tallada de grutescos y cenefas renacentistas y platerescas.

Una cenefa perimetral completa presenta una filacteria cuyo texto en latín transcribe los versículos 16 y 17 del capítulo tercero del evangelio de S. Juan: «Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo».

«Sic enim dilexit Deus mundum, ut Filium suum Unigenitum daret, ut omnis qui credit in eum non pereat sed habeat vitam aeternam. Non enim misit Deus Filium in mundum ut iudicet mundum, sed ut salvetur mundus per ipsum». Jn. III, XVI-XVII.

Además, flanqueando las cartelas y en las esquinas del trono aparecen un total de 14 atlantes de bronce y diferentes entre sí, de los cuales los cuatro que flanquean las dos cartelas centrales representan las distintas razas de la humanidad, simbolizando la universalidad de la Redención ganada por Cristo.

Frontal:

Motivo central y único: Tabernáculo albergando el Cordero Pascual sobre el libro de los Siete Sellos, alegoría apocalíptica de la Eucaristía. En su pedestal puede leerse el lema de la Archicofradía, tomados de versículos del himno eucarístico “Pange Lingua”, compuesto por Sto. Tomás de Aquino: «Nobis natus, Nobis datus, ex María Virgine», «A nosotros nacido, a nosotros dado de María Virgen intacta». En el fondo del templete, cartela con la siguiente inscripción: “Agnus Dei quitoli pecata mundi paces nobis” (“Cordero de Dioz que quitas el pecado del mundo, danos la paz”).

Trasera:

Motivo único: Cartela central con altorrelieve de bronce en el que aparece una alegoría del Juicio Final de cada persona mediante la representación sincrética de tres temas clásicos de la iconografía cristiana: el Crismón, el símbolo más antiguo de Cristo Dios inserto en la Trinidad; la Psicostasis, antiquísima alegoría del Juicio Final mediante el pesaje individual del alma de cada persona —imagen de la balanza, sostenida por el brazo de Cristo, con las obras buenas en un platillo y las malas en el otro—; y las Tres Edades del Hombre, Infancia, Madurez y Vejez, tema típicamente renacentista y cuyo significado alude a la futilidad de la vida y al hecho de que nadie sabe cuando acontecerá el momento de su muerte terrenal.

Lateral derecho:

Casetón o cartela central en altorrelieve de bronce: Género humano auxiliado por las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad; y las cuatro cardinales: Fortaleza, Templanza, Prudencia y Justicia.

Cuatro tondos en bronce: Moisés y el Decálogo; Encarnación de Cristo; Epifanía; y Pentecostés.

Sobre la cartela central, alegorías exentas: la Razón y la Pasión.

Lateral izquierdo:

Casetón o cartela central en altorrelieve de bronce: Género humano tentado por los siete pecados capitales: Soberbia, Ira, Envidia, Gula, Pereza, Lujuria y Avaricia.

Cuatro tondos en bronce: Lucifer; Adán y Eva; Caín y Abel; Dragón apocalíptico de siete cabezas.

Sobre cartela central, alegorías exentas: la Libertad y la Conciencia —Soledad-individualidad—.

Bases de los hachones en los cuatro ángulos:

Esculturas de los cuatro Jinetes del Apocalipsis humillados, talladas en madera oscura y guarnecidos en bronce: Frontal: el Poder corruptor —la Peste— y la Guerra. Trasera: el Hambre y la Muerte.

Laterales de cabezas de varales:

Delfines cincelados en bronce que representan psicopompos, espíritus que guían las almas de las personas en el tránsito de la muerte terrenal a la vida eterna. Símbolo de regeneración mediante la fe de cada persona en la Redención ganada por Cristo.

Faldones bordados en oro:

Se trata de ocho broches que complementan la presentación del trono decorando las cuatro esquinas de los faldones mediante una ornamentación de traza clásica que presenta enmarcados en ocho tondos otros tantos símbolos de la Pasión de Cristo como la corona de espinas, el INRI, los tres clavos, la lanza con esponja, las escaleras, la Santa Faz de la Verónica, la columna y el flagelo y el cáliz.

Autores del conjunto del trono:

Diseño del trono: Fernando Prini Betés (Málaga).
Discurso iconográfico: Pedro F. Merino Mata (Málaga).
Imaginería: José María Ruiz Montes (Málaga).
Vaciado de esculturas en bronce: Daniel Fernández Dennis (Palomares del Río, Sevilla).
Talla y ornamentación: Manuel Toledano (Málaga).
Ebanistería y barnizado: Francisco López Torrejón (Torremolinos, Málaga).
Orfebrería cincelada en bronce: Manuel Valera (Córdoba). Cristalería de fanales: Cristal Tradicional S.L. (Castilleja de la Cuesta, Sevilla). Bordados en oro de faldones: Jesús Díaz-Hellín (Ciudad Real). Estructura de la mesa: Antonio Cabra (Málaga).